Descripción del blog:

Este es un blog en el que dos amigas publicamos nuestra historia. Comenzamos con la primera parte; "Aullido en la oscuridad" ¡Esperamos que os guste!

miércoles, 15 de enero de 2014

Aullido en la oscuridad. Capítulo: 14



-Sé que no os ofrezco la gloria eterna, ni siquiera una victoria segura- les gritaba a todos los presentes en la gran sala del castillo de New Sun Shine- pero os aseguro que juntos, uniendo nuestras fuerzas, valores y alma, conseguiremos derrotar a la oscuridad de una vez por todas. Liberar a GreenCoast del mandato de Deathmort. ¡Eso es lo que queréis y os ayudaré a lograrlo! ¡Yo lucharé por el reino! Pero con vuestra ayuda, apoyo y fidelidad, seremos invencibles. Solo os pido que os unáis a mí. Tal vez sea la elegida sí, pero no dejo de ser otro cuerpo enjaulado bajo las garras de Deathmort y sus secuaces, como todos vosotros. ¡Merecéis ser libres y yo puedo llevaros a esa libertad! ¡Juntos podemos lograrlo!

Todos los guerreros presentes me prestaron toda la atención que podían ofrecerme. Intenté mirar a todos y cada uno de ellos, girando sobre mis pies, poco a poco mientras mis palabras manaban fluidas de mi garganta.

Uno de los elfos se levantó de su silla y, con la espalda erguida y sin apartar la mirada de mí, alzó su espada como símbolo de que me ofrecía su apoyo en la batalla. Después, se fueron sumados todos los demás, alzando sus espadas con virtud y valentía. Había conseguido tener a todos los guerreros de New Sun Shine de mi lado. Una sonrisa se dibujó en mi rostro, aunque debía de mantenerme firme, yo era su líder. De repente, la luz de la sala comenzó a disminuir y, todos los guerreros, bajaron sus espadas hasta llegar a tirarlas al suelo, donde se desintegraron sin motivo alguno. Anduve unos cuantos pequeños pasos hacia atrás, cuando las caras y cuerpos de los presentes se empezaban a desfigurar y a romper en diminutos pedazos, como un jarrón de cerámica que se cae al suelo hecho añicos a causa de un golpe brusco. Cuando todos se hubieron desintegrado, desapareciendo ante mis ojos sin motivos, grandes sombras negras se elevaban con suma rapidez desde el suelo hasta más de la altura que yo medía. Comenzaron a girar, aumentando su velocidad de forma que, aparte de sentirme temerosa, consiguieron marearme. De pronto, se pararon en seco y se abrieron dejando paso a una luz blanca y brillante. De ella, una figura caminaba hacia mi posición con zancadas decididas. Un joven vestido completamente de negro, dejando al descubierto una marca con forma de lágrima atravesada por una flecha en su hombro. Era Thyler. En un abrir y cerrar de ojos, se encontraba de pie delante de mí, con las manos cruzadas detrás de la espalda. No pude evitar dirigir mi mirada a su marca del hombro, una seña que jamás había visto antes en su cuerpo. Tal vez no le había prestado demasiada atención, ya que ésta parecía de nacimiento. Los ojos del muchacho ya no tenían ese color dorado y cálido, ahora eran negros como la noche, ni siquiera podía distinguir su pupila del resto. Un sonrisa torcida apareció en su rostro, su gesto hizo que temblase y sentía como el sudo frío me corría por la espalda y la nuca. Thyler acercó su boca a mi oído y me susurró:

-Todos tenemos un lado oscuro. ¿Cuál es el tuyo, elegida?

Su voz sonaba fría y apagada, no era él, de eso estaba segura. Nunca me había sentido incómoda a su lado, no hasta ahora…

Con un ágil movimiento, Thyler consiguió inmovilizarme, colocándome una daga de plata en mi garganta, la cual, lentamente fue bajando hacia mi corazón con la mano firme y sin remordimientos. Un ahogado grito salió de mi boca. No creía lo que estaba sucediendo, la persona a la que amaba estaba a punto de matarme, sin lástima ni corazón.

-Tal vez esta daga de plata te produzca menos dolor que a mí- me susurró con voz grave, hundiendo la punta del arma en mi pecho.

Un estruendoso alarido salió de mi garganta, haciendo que me sentase sobre la cama, escuchando el acelerado latido de mi corazón mientras las lágrimas y el sudor se mezclaban un mis pómulos. Todo había sido un mal sueño, una terrible pesadilla. La confusión y el miedo se habían adueñado de mí. No recordaba cómo había llegado a parar a aquella cama. Mi último recuerdo era caer inconsciente en el lomo de aquel bello lobo de pelaje cobrizo.

Me destapé y encogí mis piernas, llevándolas hacia mi pecho. Oculté mi cara en ellas con la finalidad de acabar con mis llantos.

-¡Kiara!- escuché oír mi nombre a gritos desde los pasillos. Reconocí la voz al instante. Thyler llegó a mi habitación, abriendo la puerta de ésta de par en par, impactándola contra la pared rugosa de la habitación. Ver su rostro con esos grandes ojos amarillos y las manos libres de armas, hizo que mis sollozos resurgiesen, esta vez más intensos y llenos de miedo y dolor. Oculté de nuevo mi cara sobre las piernas mientras Thyler cerraba la puerta tras de sí y se aproximaba a mi cama, donde se sentó cerca de mí. El calor que irradiaba su cuerpo llegó a mi piel, impregnándose en ella.

-Kiara, ¿qué ocurre? Te he escuchado gritar- acercó su mano a mi cabello con intención de acariciarlo pero, sin ninguna intención y bajo el poder de mi propio temor, levanté mi rostro y retrocedí hasta que mi espalda topó con el cabecero de la cama. Ante mi gesto, la expresión de Thyler cambió por completo, mostraba mucha más preocupación y angustia. Él fue a pronunciar alguna palabra pero, venciendo mi miedo y sabiendo que era él verdaderamente, me abalancé sobre sus brazos dejando que Thyer estrechase en los suyos.

-Kiara, basta de llantos y dime lo qué ocurre, por favor- susurró el joven colocándome un dedo bajo la barbilla para que le mirase. Veía su rostro borroso por culpa de las lágrimas, me limpié los ojos para intentar ver con más claridad.

-Solo ha sido una pesadilla.

-¿Qué ocurría en ella?

No contesté al instante, ni siquiera estaba segura de contarla la verdad sobre mi sueño y su intento de acabar con mi vida en el. Contárselo solo serviría para preocuparle más y debía mantenerme fuerte, la batalla estaba cerca.

-Era…era el sueño de siempre. El lobo, la luz cegadora…las sombras- le mentí. Él me miró frunciendo el ceño.

-Kiara, sé cuando me ocultas algo. ¿Estás segura de qué el sueño trataba de eso? ¿Cómo todos tus primeros antes de llegar a GreenCoast?

-Sí- susurré con la voz quebrada.

-Está bien, pero me preocupas. Me he enterado de tu accidente de ayer por la noche, uno de los lobos de la Orden de GreenCoast te trajo aquí de nuevo, ¿lo recuerdas?

Me limité a asentir, estaba cansada pero no tenía todas conmigo de poder volver a dormir a pierna suelta todo lo que quedaba de noche.

-Thyler no te vayas, quédate conmigo esta noche, por favor- le pedí, apoyando mi cabeza sobre su hombro.

Thyler me miró como siempre solía hacerlo, con esa mirada tierna que me reconfortaba hasta en la más peligrosa situación. Me acarició el cuello con la yema de los dedos hasta la clavícula.

-Siempre me quedaré- me dejó una suave y dulce beso en la mandíbula- Vamos, ahora intenta descansar, mañana partiremos hacia los principales dominios de Deathmort.


Asentí exhausta y entré en la cama, dejándole un espacio a Thyler y tapándome con las sábanas. Él se desprendió de la camiseta y se tumbó a mi lado. Ahora, tal y como aparecía en mi sueño, puedo ver esa marca escondida en su hombro. Una especie de lágrima atravesada por una flecha. Me abrazó, estrechándome contra su pecho para que sintiese todo su calor. Apoyé mi cabeza en él mientras me sentía protegida en sus brazos. Cerré los ojos, dejando que Thyler ahuyentase a mis malos sueños. 

jueves, 9 de enero de 2014

Aullido en a oscuridad. Capítulo: 13

Intente no caerme, aunque me temblaba todo el cuerpo. Vi que una mujer se acercaba por el pasillo con paso firme. Llevaba un hermoso vestido largo color salmón, con un poco de pedrería, su cabello negro ondeaba por su espalda y su rostro estaba adornado por dos preciosos ojos azules que mostraban unas pequeñas arrugas en las comisuras. Mi mirada se cruzó con la de ella, pero paso de mí y continúo su camino. Noté el repiqueteo de unos zapatos contra el suelo que se acercaban a mí corriendo. Una mujer un poco más mayor que yo me miraba, vestía como una doncella.
-Aún no estás vestida, mira que le dije a ese viejo que te trajera rápido.- dijo la mujer enfadada y empujándome para que me levantará.
-Disculpe, creo que se ha equivocado. Estoy esperando a Thyler.- le dije cansada.
-No, Thyler se está cambiando y tú Kiara deberías hacer lo mismo.- me dijo aquella mujer.
-Vale, vale…- dije intentando subir más rápido para que dejará de empujarme.
Me condujo por unos pasillos iluminados por unas antorchas de formas peculiares. Rebosaba una luz tan cálida y reconfortante que me hacían sentirme segura y protegida. Mi dolor de cabeza se fue haciendo menos agudo, poco a poco. Abrió una puerta y me empujó. Sacó rápidamente mi vestimenta.
-Oiga, pero esto…- dije desconcertada, no entendía que estaba sucediendo.
-Quítate esos harapos y póntelo. La presentación será dentro de unos minutos y aun no estás aseada.- me ordenó la mujer preocupada y estresada.
Me quité el traje y las botas. Rápidamente me vestí con aquel vestido blanco, el cual, era largo y ceñido. Llevaba dos finos tirantes trenzados y un poco de pedrería por la espalda transparente. Me coloqué los zapatos, agobiada, no me quedaba tiempo para pensar en quién era la mujer con la que me había cruzado. Me resultaba familiar.
-Corre niña, ven aquí.- me ordenó la mujer.
Fui hasta donde estaba ella, había un pequeño tocador. Comenzó a maquillarme y a ponerme joyas. No me gustaba aquella sensación. Me cogió el pelo y comenzó a hacerme un moño, con algún mechón suelto. En pocos segundos ya estaba. Seguramente, no debía de haber sido la primera vez que aquella mujer realizaba ese trabajo.  
-Ya está, estás preciosa.- me dijo la mujer.
Me empujó de nuevo hacia la puerta, estaba claro de que llevaba prisa. Abrí la puerta y apoyado en el marco apareció Thyler vestido con un traje.
-¡A ti también te han empujado, eh!- le dije sonriendo.
-Venga, venga, luego tendréis tiempo para hablar.- nos dijo la mujer alterada.
Bajamos las escaleras corriendo. Thyler me daba la mano. Aquella mujer nos condujo hasta unas grandes puertas doradas. Se fue corriendo y nos dejó allí. Los ojos de Thyler brillaban con un dorado especial.
-Estás preciosa, no te lo he podido decir.- me dijo Thyler sonriendo, acto seguido, me dio un dulce y suave beso en los labios.
-Gracias, pero ahora, no estoy para fiestas- le contesté pensando en aquella mujer que me resultaba tan conocida.
Las puertas se abrieron y sonó una música dulce. Volví a la realidad, oí como un hombre decía nuestros nombres. Thyler y yo entramos a la sala que estaba repleta de gente, en especial elfos, entre otros muchos. Al fondo había siete sillas. Está claro que serían para gente importante. Avance despacio, había sillas a los lados y en medio una gran fogata que desprendía una luz blanca y reconfortante como la de las antorchas. Noté de nuevo ese dolor en la cabeza, pero intenté a apartarlo de mí. Vi a Nagiel y a Finn hablando con unos cuantos elfos. Todo el mundo allí iba de etiqueta. Nos colocamos en una de las sillas del final, cerca de las siete grandes. Volvieron a sonar las trompetas y las puertas se abrieron.
-Elessar de Bluelake, Arwen de BlackShadow, Saruon de City of Dropped Sun, Valar de City of Youngblood, Olssë en representación de los pueblos de las nevadas montañas del norte, Noldor en representación de los pueblos nómadas de los desiertos del sur y por supuesto Corina de Green Coast, una de nuestras líderes.- anunció un hombre con voz clara y firme.
Giré la cabeza, vi todo hombres que, de vez en cuando, cruzaban la mirada conmigo, y allí, la mujer con la que me había cruzado. Una de las líderes de aquel extraño lugar, no dejaba de mirarme. Situada en medio de las sillas, estaba ella, firme y recta, observándome, admirándome. Las antorchas se apagaron con una brisa fantasmagórica que me hizo tiritar. La luz blanca que desprendía la hermosa fogata, que iluminaba todo el ambiente, ahora se centraba en ella. Una neblina comenzó a flotar por el ambiente, tan bella, pero al mismo tiempo tan misteriosa. Los allí presentes yacían sentados y cayados, solo se oía el crepitar de la madera. De la espesa neblina apareció una joven elfa, que vestía un hermoso vestido gris. Se aproximó alrededor de la fogata.
-Permitid que me presente, aunque casi todos me conozcáis. Soy la representante del Oráculo del Norte, Niassar, donde se preparan los destinos de los elfos.- dijo la joven con una voz tan dulce y placentera que parecía una melodía.
>> Antes de empezar con los elfos, os relataré una parte del destino que he podido observar. Afecta a una persona muy importante,  cuyo nombre no voy a mencionar, pero sea quien sea lo sabrá.- comentó la joven elfa.
>> Hace días pisó tierras desconocidas, su luz despertaba a cada paso que daba. Las sombras la seguían con intención de atraparla, pero el poder que irradia, las quema. El mundo de los mortales se cerró para ella. Conoció a nuestro mayor enemigo, lo que ella no sabe es que forma parte de su pasado. Pronto conocerá a sus progenitores, pues su madre se encuentra entre los nuestros. Un día, dentro de unas semanas, le sucederá algo que cambiará su modo de ver nuestras amadas tierras. Cuando empuñe lo que le corresponda y su luz iluminé de nuevo lo que ahora son tinieblas, una nueva era habrá llegado. Lo que no sabe es que las dos personas a las que más quiere, tienen un parentesco con el lado oscuro.- relató Niassar con una voz tranquila y calmada.  
En ese momento supe que era yo, ese era una parte de un destino que se cumpliría. No lo entendí muy bien, pero lo examinaría hasta encontrar aquellas pistas que Niassar me había dado. Los latidos de mi corazón se aceleraron, pudiéndolos sentir por todo mi cuerpo. Mi madre estaba cerca de mí.
-He aquí una parte del destino de una persona, regalada por la que va a ser una importante aliada.- dijo Niassar mirándome.
>> Bien, ahora el destino de los elfos. Este año, el Oráculo solo me ha hablado de uno en especial, no quería rebelarme ninguno más. Eso significa que es imprescindible debido a que puede que suponga un importante avance para las tropas de la luz.-dijo Naissar con voz divertida.
>> Que se acerque a mí, Nagiel de Lie.-ordenó la elfa.
Vi como Nagiel se levantaba airosa y le lanzaba una sonrisa a Finn. Esquivó las sillas ágilmente y se colocó en frente de Naissar. La elfa le cogió una mano a Nagiel, era más alta que ella.  La neblina gris comenzó a rodear también a mi amiga elfa.
-Querida, las estrellas me han rebelado que te casarás. Te casarás con el Capitán de los caudillos, Azarien.- anunció Naissar. Pude ver como los ojos de Nagiel brillaban de dolor al escuchar el nombre de su futuro marido. Intentó hablar varias veces, pero la voz se le quebraba sin remedio.
-¿Qué? Pero si él sirve a nuestros enemigos.- preguntó Nagiel enfadada.
-Lo sabemos, pero vuestro enlace hará que se unan a nosotros, pues entregamos a una guerrera.- le explicó Naissar.
Las lágrimas comenzaron a descender por el rostro aniñado de Nagiel.
-¡Jamás! ¡Jamás me casaré con él!- gritó  Nagiel enfadada.
-¡No osaras desobedecer al oráculo y traicionar tus costumbres! – aulló Naissar enfadada. Desde mi silla, vi como Finn se levantaba, decepcionado. Al irse, realizó un gesto brusco que terminó derribando la silla, la cual chocó contra el duro suelo de cristal, provocando que todas las miradas se centrasen en él y su marcha.
-¡Finn espera!- le gritó Nagiel. Vi cómo le lanzaba una mirada asesina a Naissar y salía corriendo tras él.
Nagiel salió al exterior, vio a Finn sentado sobre la hierba. Sigilosa y cautelosa, fue aproximándose a él.
-Finn- susurró Nagiel. Él no se dignó a mirarla.
-Vete- respondió frío.
-Finn, escúchame- le explicaba- No he tenido la culpa de acabar con la persona equivocada, el Oráculo me eligió…
Le miró por primera vez. Tenía los ojos llorosos y rojos. Había llorado, de eso no cabía duda.
-¿Y qué pasa conmigo?- se alteró- ¡Parece que no te importe como me sienta! Nagiel, no entiendes que no puedo verte en brazos de otro, y menos de Azarien. No puedo imaginarme a la chica que amo con una bestia como él…
-¡No tengo elección, Finn! ¡No sé puede luchar contra el Oráculo! ¡Es la ley!- gritó Nagiel con el rostro cubierto de lágrimas.
-¡No me importa el Oráculo!- chilló él. Se volvió y clavo su mirada azul en los ojos llorosos de la elfa.
-No hablas en serio…tú siempre has seguido la ley, sin una falta…
-Y entonces, ¿por qué crees qué lo hago en este momento?- se aproximó a ella- Nagiel, tú me importas más que cualquier ley. Las quebrantaría todas solo para poder estar contigo. Incluso me enfrentaría a Azarien…
-¡No!- se alarmó- No puedo permitir que hagas eso. Azarien es mucho más fuerte que tú y…
-Podría morir, sí. Pero moriría luchando por lo que más me importa- Finn sujetó la cintura de Nagiel con una de sus manos y, con la otra,  le apartó el pelo, recogiéndoselo detrás de la oreja- tú.
La joven elevó la mirada y se adentró en sus hermosos ojos azules. Ahora lo veía tan cerca, demasiado cerca para saber que sus corazones nunca estarían juntos. A Nagiel se le escapó un pequeño sollozo.
-Nagiel- le llamó Finn. Acarició su mejilla con los nudillos de su mano derecha de forma lenta y dulce. Su piel era fría como el hielo, pero no le importaba,  al contrario.- Déjame besarte por última vez, por favor- susurró.
Cautelosamente, fue acercando su rostro al de Nagiel, sin apartar la mano de su rostro. Era capaz de escuchar el agudo latido de su corazón, como se aceleraba con cada centímetro que él se aproximaba a ella. Algo hizo que ella se estremeciese.
-Por favor- repitió Finn en voz casi inaudible. Sus labios se rozaron, sin llegar a completar el beso- Te amo.
Y se unieron en un profundo beso lleno de sentimiento, un sentimiento que tanto tiempo estuvo oculto en las sombras de sus vidas. Las lágrimas de Nagiel humedecieron el rostro de Finn, pero ningún detalle les impidió separarse.
-No sé que voy a hacer, el día que te vea con él yo…
-Finn- le alertó ella para que dejase de hablar- Mi corazón te pertenece, Finn. No lo olvides.


Dentro del palacio, Naissar comenzó a desvanecerse en aquella niebla gris. Cuando se desvaneció por completo, la luz de las antorchas volvió a iluminar la sala. Nadie dijo nada. La música comenzó a sonar de nuevo. Todo el mundo se levantó y se dirigió hacia una nueva sala.
Thyler me cogió de la mano y nos adentramos en esa sala dorada. Con grandes cuadros majestuosos, de escenas de batallas. Estaba lleno de camareros con hermosas bandejas doradas. En ellas aparecían elegantes copas de cristal con un líquido de color rojo y otras de color morado. La música inundó el ambiente y los distintos elfos comenzaron a bailar.
-¿Me concedes este baile?- me preguntó Thyler sonriendo.
-Por supuesto.- le dije encantada, es más, estaba esperando a que me lo pidiera. No era de quedarse sentado o hablando en una fiesta.
Le cogí del brazo y nos adentramos en la pista de baile. La música era suave y romántica. Me di cuenta de que todo el mundo nos observaba. Comenzamos a bailar. Apoyé mi cabeza en el hombro de Thyler y noté su respiración en la nuca. 
-¿Crees que Finn aceptará el destino de Naggiel?- le pregunté a Thyler.
-Le costará, pero sí.- me respondió Thyler dolido.
-Después de lo que han pasado…ellos se aman y no los podrán separar.-le dije a Thyler. La cabeza ya no me dolía y eso me aliviaba y reconfortaba.
-En este mundo todo es distinto Kiara. Si las estrellas dicen que pelearas, tú peleas. Sí dicen que te cases con un enemigo, te casas con un enemigo, sin importar que tú corazón pertenezca a otra persona.- me explicó Thyler con la voz quebrada. Nos movíamos al compás de la música. Levanté la cabeza de su hombro y posé mi frente en la suya. Acerqué mis labios a los suyos y le besé. Pude oír algunas exclamaciones en la sala. Me separé un poco de Thyler y vi a un hombre cerca de nosotros, que carraspeo la voz varias veces.
-Joven, ¿me dejaría bailar un baile con Kiara?- preguntó correcto. Thyler asintió y se alejó de mí.
-Por supuesto. Voy a por algo de beber.- respondió Thyler, desapareciendo entre las parejas que bailaban.
-Permíteme que me presente, soy Elessar de Bluelake.- dijo aquel hombre. Era más mayor que yo, de ojos azules y piel blanca como la nieve.
-Encantada, soy Kiara Wadlow.- me presenté aunque él ya sabía quién era. Me agarró y comenzamos a bailar. Thyler no le quitaba el ojo de encima, lo cual, me consiguió sacar una leve sonrisa.
-¿Sabes? Fui un gran amigo de tus padres.- me comentó Elessar.
-¿De verdad los conoció? Por favor, hábleme de ellos.- le pedí curiosa.
-Sí, conocí a tú padre en batalla y vi cómo tú madre te entregaba a tu tía. Tienes los ojos y el pelo de tu madre y la nariz de tu padre.- me dijo Elessar con una sonrisa.
-Sé que mi madre sigue viva, mi padre murió, ¿pero no sé cómo?- le dije triste y cabizbaja.
-Tú padre murió en batalla, en manos de Deathmort, ¿no te han contado la historia?- me preguntó Elessar.
Entonces vinieron los recuerdos a mi mente. Nada más llegar a Greencoast, Brígida me contó una historia. Una mujer de gran rango en el poder de la luz, se casó con el hombre más importante también de este. Juntos tuvieron una hija. El mejor amigo de su marido, estaba enamorado de ella y se lo confesó, ella ni hizo caso de sus confesiones. Empezó a haber guerras, pequeñas, de no mucha importancia, hasta que le tocó luchar a esa mujer y a su marido. Sabían que no podían ganar,  así que mandaron a la hija con su tía, la cual que no había desarrollado sus poderes, a la cuidad. En la guerra, lucharon estos tres con alma y corazón, poniendo todo su empeño en la batalla. Cuando estaban a punto de perder, él marido de ella, le dijo que se fuera, que huyera, y así lo hizo. Cuando al cabo de unos días volvieron los que consiguieron escapar, solo volvió el amigo de su marido, ella cayó en la pena y no fue a por su hija. Su amigo volvió y le sirvió de apoyo para superar la muerte de su esposo. Al cabo de los meses, ella se enamoró de él y él de ella. Un día, un conocido de aquella mujer, que lo habían dado por muerto, apareció y le reveló lo verdaderamente sucedido. Él mejor amigo de su marido, cuando estaban a punto de matarlo, en lugar de ayudarlo, dejó que lo mataran. Quería a su mujer solo para él. Ella, enfadada y llena de ira, hizo un intento de acabar con su vida. Pero él lo sabía y cuando ella lo fue a matar, huyó, renunciando a la luz y a sus poderes. Aquel amigo era Deathmort y mis padres son…
-Sí me la han contado. El mejor amigo de mi padre fue capaz de matarle, en vez de ayudarle, ahora se le conoce como Deathmort. Por eso usted me dijo que me parecía a mi madre.- le dije a Elessar.
-Tú padre se llamaba Caslan de Greencoast, fue uno de los grandes guerreros de la luz.- me anunció Elessar rememorando viejos tiempos.
En ese momento, la mujer de ojos azules y vestido color salmón, carraspeó la voz. Me giré y la vi, me solté de Elessar.
-Querido amigo, permite que me lleve a Kiara unos instantes.- le dijo la mujer a Elessar.
-Encantado de haberte conocido, Kiara.- dijo besándome la mano.
-El placer ha sido mío.- le respondí sin borrar el rostro de confusión. Elessar se fue.
-Demos un paseo.-dijo la mujer cogiéndome del brazo.
 Salimos a una hermosa terraza. La luna brillaba en el firmamento.
-Me temo que no me he presentado, soy Corina.- dijo aquella mujer. Me acerqué a la barandilla de piedra y me apoyé. Había varios metros hasta el suelo y ante mis ojos se habría un pequeño bosque verde. A lo lejos, pude divisar como Finn y Nagiel paseban cogidos de la mano por la pradera.
-Usted ya sabe quién soy, no creo conveniente que me presente.- le dije educadamente, aunque algo distante.
-No me trates de usted, no soy tan mayor.- me dijo Corina con una leve carcajada.
-Lo que desees.- le contesté.
-Antes no te he reconocido, ibas muy…oscura.- me dijo Corina sonriendo.
-No me has sacado del baile para decirme solo como iba vestida, ¿qué quieres?- le pregunté confusa.
-Nada, conocerte. ¿Sabes? Aun me acuerdo del día en que tus padres te dieron a tú tía. Tu madre lloró desconsoladamente.- me contaba Corina.
-Ya, pero luego no me vino a buscar, me dejó en un mundo en el que no encajaba.
-Te dejó allí por tú bien, aquí corrías peligro.- me dijo Corina, resguardando las espaldas de una madre a la que no conozco.
-Por ahora, me conformo con saber que no soy huérfana. Pero si de verdad me quisiera, habría venido a verme cuando llegué.- le dije fría.
-No pudo ir a verte, no se le permite salir de New Sun Shine.- me advirtió ella. Noté un agudo pinchazo en la cabeza, comencé a marearme. Me llevé una mano a la cabeza, hice un poder por mantenerme en pie.
-No sé por qué estoy hablando contigo sobre esto. No tienes derecho a entrometerte en mi vida personal. Que sea vuestra elegida, no significa que tengáis que derecho a saber de mi vida privada.- le espeté enfadada y cansada de hablar. Todo me empezó a dar vueltas, me agarré a la barandilla para no caerme.
-¿Te sucede algo?- me preguntó Corina preocupada.
-No, creo que…- comencé a decir, pero para entonces los ojos se me cerraban y notaba mi cuerpo pesado.

No podía mantenerme en pie, intenté agarrarme con más fuerza. Algo en mis adentros me empujo para que cayera al vació. Comencé a no oír nada, solo los latidos de mi propio corazón. Abrí los ojos durante un instante y vi que estaba cayendo y también visualice a Corina gritando mi nombre. Noté como mi cuerpo chocaba contra algo suave. Volví a abrir los ojos y vi que estaba en el lomo de un lobo de pelo cobrizo. Giró la cabeza y sus dos ojos dorados penetraron en los míos.  Intente gesticulas unas palabras, pero no pude. Aquel hermoso lobo era el de mis sueños, el del cuadro del castillo de Brígida. No podía mantenerme despierta, cerré los ojos y dejé que el cansancio me arropará. Perdí el conocimiento con aun la mirada de aquel hermoso lobo puesta en mí.

sábado, 4 de enero de 2014

Aullido en la oscuridad. Capítulo: 12

El cielo comenzó a encapotarse de nubes densas y grises. No tardaría en desencadenar una tormenta.

-Debemos darnos prisa o la lluvia nos alcanzará- anuncié acelerando el paso hasta colocarme a la altura de Finn- ¿Cuánto tiempo nos queda para llegar?

-Nada, Kiara. Divisamos New Sun Shine encima de esa colina- dijo señalando lo alto de ésta.

-Perfecto- le felicité dándole unos golpecitos en el hombro- Buen trabajo, Finn.

Tras el gesto, me sonrió. Se notaba en su mirada que estaba orgulloso de sí mismo. Dejé que él siguiera encabezando al grupo y me dirigí donde Thyler. Tai estaba dormido, subido a su espalda. Kiara acarició el pelo del jovencito.

-Tan pequeño y ya tiene que vivir algo así- susurré con tono nostálgico.

-Tendrá doce años, pero Tai es consciente de a dónde va y por qué- explicó Thyler mirando a mis ojos preocupados- No sufras por él, no dejaré que le ocurra nada. 

Eso me aliviaba, sabía que ellos dos eran los que más tiempo llevaban en el castillo junto a Brígida. Como dos hermanos de distinta sangre.

-Ya hemos llegado- anunció Finn- Kiara, bienvenida a New Sun Shine.

Caminé hasta colocarme la primera del grupo. Toda una ciudad estaba alzada a mis pies. Pequeñas casas de ladrillo construidas a las orillas del río de aguas cristalinas que atravesaba la ciudad. Y, a lo lejos, un gran castillo cuyas torres parecían ansiosas de alcanzar las nubes. Una gran bandera de color rojo con cuatro cruces negras a los extremos se encontraba en el extremo la torre central, la cual, estaba rodeada de otras más pequeñas.

Tuvimos que cruzar el río por un estable puente de madera. Thyler bajó a Tai de su espalda. El jovencito le costó estabilizarse a causa del cansancio. Yo seguía pensando que era demasiado pequeño ara este viaje. Nos adentramos en el pueblo. Los habitantes de New Sun Shine eran muy peculiares. No eran todos de una misma raza mágica. Elfos, enanos, hechiceros…todos ellos reunidos en un mismo lugar.

-¿Sorprendida?- me preguntó Finn.

-La verdad, no me imaginaba New Sun Shine así. Está llena de vida y de…luz.

-Esta es una de las ciudades de GreensCoat que Deathmort no ha logrado conquistar. La luz reina en ella, como ya te has fijado.

-Pero, no lo entiendo. ¿Cómo es posible que el poder de Deathmort no haya podido con una ciudad tan pequeña?

-Como habrás podido comprobar, en este lugar hay varios seres mágicos distintos. Unieron sus fuerzas cuando Deathmort intentó invadir New Sun Shine hace una década. Juntos eran más poderosos que la magia oscura- me explicaba Finn- Estas es la ciudad más cordial de GreensCoat, aquí es donde se celebran las actos y eventos más importantes de toda la región. Eventos como el de esta noche.

Le miré sorprendida.

-¿Otra fiesta?- grité alarmada.

-Es la fiesta Élfica, la celebración más importante para los de mi especie. En esta reunión, planean nuestro futuro los más sabios del consejo de los elfos.

-¿Planear vuestro futuro?- le pregunté extrañada- Pero, no pueden. Nadie puede ser dueño de vuestro futuro, únicamente vosotros.

-Kiara, no lo entiendes. Es nuestra tradición más sagrada, debemos cumplirla.  Y…esta es la más importante para mí…

Antes de que yo le pudiese contestar, un elfo de baja estatura y de pelo gris en su barba y el poco que le quedaba sobre la cabeza, se nos acercó a nosotros.

-¡Bienvenidos! Os llevábamos esperando unos días.

-Hemos tenido una serie de problemillas por el camino, Lendgar- le comunicó Nagiel.

-Ya veo. Y vosotros viajeros. ¿Quiénes sois?- nos preguntó Lendgar a Thyler, Tai y a mí.

-Ellos son Thyler y el pequeño Tai- respondí señalándoles- Yo soy Kiara Wadlow.

Lendgar cambió su expresión, como todos aquellos a los que les comuniqué mi nombre. Lo esperaban con ansia e intriga.

-¡Por todos los elfos! ¡Eres tú! ¡Kiara Wadlow eres tú!- exclamó.

-Sí- afirmé- Eso dice en mi partida de nacimiento…

-No os quedéis ahí parados, entrad- nos invitó a pasar- ¿Asistiréis a la ceremonia verdad? Es las más importante para aquellos elfos de la edad de Finn y la hermosa Nagiel- el comentario hizo que se sonrojase- y ellos incluidos, por supuesto.

-Asistiremos encantados- dijo Thyler.

-¿No os cansáis de celebrar tantos eventos?- se quejó Tai- Alguna vez podríais probar a permanecer sentados durante una hora. Dicen que de esa forma no corres peligro, ¿sabéis?

Lendgar soltó una gran carcajada que hizo que Nagiel se sobresaltase.

-Pequeño diablillo- le dijo revolviéndole el pelo a Tai quien mostró una mueca en su rostro- Venga, entremos dentro y prepararos Finn y Nagiel.

Los grandes portones de madera del castillo se abrieron de par en par, dejando a la vista un gran recibidor adornado por muebles de marfil y suelos de cristal y dos escaleras en forma de caracol que, según intuí, dirigían a las habitaciones. Varias personas, todos ellos elfos, vestidos con trajes largos y pomposos y esmóquines de fiesta, atravesaban los grandes salones, bebían de sus copas y reían creyéndose superiores.

-Creo que esta noche va a ser muy larga- dijo Thyler mirándome.

-¿Por qué dentro del palacio todos ellos son elfos? ¿No se suponía que era en esta ciudad donde las razas mágicas se juntaban?- pregunté algo irritada.

-Al inicio de los tiempos, esta fue la primera tierra habitada por los elfos. No existía WhiteTower. Pero un gran grupo de elfos se relevaron contra el rey de entonces, iniciando un desacuerdo. El rey aprobó su expulsión, desterrándolos a la tierra que hoy se conoce como WhiteTower. De modo que, antes de la batalla contra Deathmort y sus secuaces, todos los que vivían aquí eran elfos.

-Y, ¿qué paso con el desacuerdo?

-Al ver ganado la batalla contra la oscuridad en New Sun Shine y haberla perdido en WhiteTower, decidieron firmar un pacto de paz con la condición de mantener ambos reinos separados, pero los bienes para ambos juntos.

-Entiendo- susurré llevándome una mano a la cabeza. Un fuerte pinchazo se expandió por ella.

-Kiara- me llamó Thyler- ¿Qué te sucede?

Le miré, su mirada se volvió dulce, como si el amarillo de sus ojos quisiese fundirse en oro líquido.

-Nada, estoy algo cansada por el viaje, eso es todo- le contesté con una sonrisa forzada.

-Ven, siéntate en esos sillones de allí- me dijo señalando unos grandes asientos de terciopelo rojo- Voy a buscar a Finn y Nagiel, por el ajetreo que veo, la fiesta va a comenzar.


Me regaló una de sus preciosas sonrisas y subió una de las grandes escaleras de caracol. Yo lo observé hasta que desapareció. Un nuevo pinchazo, acompañado de un dolor realmente intenso, hizo que me cubriese la cabeza con mis manos. No era un dolor de cabeza corriente…