Descripción del blog:

Este es un blog en el que dos amigas publicamos nuestra historia. Comenzamos con la primera parte; "Aullido en la oscuridad" ¡Esperamos que os guste!

jueves, 5 de diciembre de 2013

Aullido en la oscuridad. Capítulo: 9

Notaba unos fuertes brazos rodeándome con ternura. El calor del edredón no se había evaporado. El bonito vestido estaba tirado por el suelo, los zapatos, las joyas… La luz entraba a raudales por la habitación. Un vendaje tapaba lo que era un gran arañazo. La noche pasada, descubrí a él lobo de la foto. Pero… ¿quién sería?
Noté una mirada fija. Poco a poco me fui girando para ver quién era.
-Buenos días- me saludó Thyler.- Te prometí que estaría contigo antes de que te despertases.- dijo suavemente. Yo me desperecé un poco. Sus dorados ojos se volvieron muy brillantes con aquella luz matutina.
-Buenos días.- dije mirándole fijamente. Pasé mi mano por su rostro, suavemente, para comprobar que no era un sueño. Thyler poco a poco se fue acercando a mí, hasta que acabó en un bonito beso mañanero.
-No has pasado aquí toda la noche. ¿A dónde te fuiste a noche?- pregunté. Su pecho se encontraba junto al mío. No llevaba camiseta. Pude notar como su respiración aumentaba por momentos. Sus ojos se oscurecieron, haciendo desaparecer aquel brillo que tanto me gustaba.
-Tuve que arreglar unos asuntos.- dijo suavemente, sus ojos seguían oscuros.
-Mientes.- aseguré fría y duramente.
-¿Por qué iba a mentirte?- preguntó sonriendo torcidamente.
- Cada vez que mientes, tus ojos se oscurecen. Se vuelve fríos e inquebrantables.- le dije con la voz entrecortada, él se levantó. Un frío exterior se quedó prendado en mis carnes.- Seguro que tiene que ver con ese secreto, ese que yo no puedo saber. Lo sabe todo el mundo menos yo.- le dije incorporándome también.
Thyler ahora estaba sentado en el borde de la cama, yo salí deella. Me di cuenta de que llevaba un camisón corto de seda rojo. Di la vuelta a la cama despacio. Él frio suelo se clavaba en mis pies como punzantes agujas. Me acerqué a él hasta que le tuve en frente. Tenía la cabeza agachada.  Yo me encargué de elevarla, sosteniéndola entre mis manos. Sus manos se apoyaron sobre las mías. Suavemente.
-Si no te lo puedo decir es por tu seguridad. Llegado el momento te lo confesaré.- dijo mirándome fijamente. Sus ojos dorados se me clavaban como dagas de oro.
-¿Es malo? ¿Tan malo que no me lo puedes decir? -le pregunté  desviando la mirada.
-Para mí es una tortura.- dijo sin quitarme la vista de encima.
-Dímelo y así sabré si te podré ayudar.- le miré de forma tierna.
-No, no me podrás ayudar. Nada ni nada puede. Es mi poder, forma parte de mí. Por mala suerte…-dijo Thyler, su expresión parecía dolida.
-Tú sabes quién soy yo, pero yo no sé quién eres tú.- le dije mirándole fijamente. Las palabras sonaban suaves y duras en esa conversación. Hacían más daño que un puñetazo.
-Kiara, créeme. Sigo te lo oculto es porque…huirías de mí, me temerías. Dejarías de quererme, para siempre. No puedo controlarme cuando el poder se adueña de mí. Si te llegase a hacer daño no me lo perdonaría jamás.
-Thyler…
-Por favor, no me recuerdes más este tema. Cuando estoy contigo se me olvida y, por unas horas, puedo ser totalmente feliz.- susurró suavemente. Sus labios dibujaban una bonita sonrisa, pero no lograban ocultar el dolor que sus ojos expresaban.
-No lo haré.- le dije pasando mi mano por su mejilla.
Se levantó y, sus manos, ahora resbalaban por mis brazos; estaban calientes. Finalmente se posaron en mi cintura, en ese instante, pegó su frente contra la mía. Mis brazos, sincrónicamente, se posaron en su pecho. Podía notar los latidos de su corazón. Cerré los ojos.
-Tienes que saber que si te hiciera daño de esa forma, no me lo perdonaría y…buscaría la muerte.- susurró Thyler con voz grave. Me impulsó contra él y nos fundimos en un nuevo beso, apasionado, romántico.
Mi cuerpo encajaba perfectamente con el suyo y mi corazón volvió a latir con fuerza. Me estremecí, aquella corriente eléctrica me atravesó, al igual que a él. Se apartó un poco de mí, pero yo no deje que fuera por mucho tiempo. Volví a unir nuestros labios, con necesidad. Poco a poco se fue apartando de mí.
-Será mejor que nos cambiemos.- dijo Thyler sonriéndome. Ahora sus ojos volvían a brillar y su rostro se iluminó de nuevo.
-Hoy nos iremos, ¿no?- le pregunté confusa.
-Sí, cuanto antes mejor.-aseguró.
Me acerqué a la silla en la que estaba el traje de lucha, lo cogí. Me metí en el baño y cerré la puerta. Me quité aquel camisón y me puse la blusa blanca y aquellos incómodos pantalones de cuero negros. Me lave la cara, los dientes y me peiné. Abrí la puerta para salir del baño, Thyler estaba esperándome, mirando por la ventana. Me acerqué a él y me asomé. Había una muchacha pelirroja, vestida con un traje verde, despidiéndose de una mujer con el pelo de su mismo tono y un hombre de piel pálida. A su lado un chico de pelo oscuro, despidiéndose de una mujer con el pelo gris y de baja estatura, la cual, le entregaba una gran espada.
-Voy a tener que luchar y romperé familias ¿verdad? Ellos no tienen la culpa de esta guerra que se acerca.- esas palabras salieron del fondo de mi alma, y Thyler se giró, me cogió de las manos y me miró fijamente.
-Ni tú, ni nadie tiene la culpa. Ellos están escogiendo luchar por su ciudad, por sus familias.- dijo Thyler mirándome fijamente.
-Pero ellos… ¿Creen en lo que creo yo? ¿Ellos me quieren por lo que soy o por quién soy?- le dije confusa.
-Dales tiempo. Yo ya te estaba esperando, ellos no.-dijo Thyler sin quitarme las manos de encima.
-Quiero partir a New Sun Shine.- le dije sin rodeos.
-¿Cuándo?- preguntó desconcertado.
-Mañana o pasado, quiero exigir su protección. Y quiero averiguar quién es ese tal Deathmort.- le dije mirándole a los ojos, como él a mí.
-Sabes que iré a donde vayas y que te protegeré.- dijo Thyler. Nos estuvimos mirando unos minutos a los ojos, hasta que nos volvimos a besar.
-Está bien.- dije obligada a separarme de él, desganada-  No perdamos el tiempo, tenemos un largo viaje hasta casa.- dije cogiéndole de la mano.
Me puse la chaqueta de cuero negra y enfundé las múltiples armas. Thyler hizo lo mismo, llevaba más armas que yo. Salimos de aquella estancia y bajamos las escaleras, raudos. Se oía el repiquetear de mis botas en las escaleras. Pero de fondo se oían unos pasos, caminando por el hall. Cuando llegamos, había un hombre esperándonos y un niño. Thai y Loren.
-Buenos días.- nos saludó Loren.
-Buenos días, partimos ya.- dije mirando a Thai, quien se puso a mi vera.
-¿No os queréis quedar?- preguntó Loren, decepcionado.
-Quiero partir mañana a New Sun Shine.- le dije bruscamente.- Gracias por todo, Loren.
-Hay un pequeño problema, Vivaz…aún no está curado del todo.- dijo serio.
-No pasa nada, iré en su caballo. Cuando esté bien, me avisarás y vendré a por él. ¿Entendido?- dijo Thyler.
-Bien, pues gracias. Siempre serás bienvenida aquí, elegida.- dijo Loren haciendo una media reverencia.
Salí marcando un fuerte paso por aquel hall. Cuatro caballos estaban esperándonos. Aquellos dos muchachos, Nagiel y Finn, estaban acariciando a dos caballos negros como la misma noche.
-Nos vamos.- les comuniqué.
-Bien, iremos con vosotros.- dijo Finn.
-No es necesario.- les dije mientras subía a Alma.
-Iremos.- afirmó Nagiel mirándome fijamente- Te juramos fidelidad, no te vamos a fallar.
- Lo que deseéis.- les dije sonriendo.
Subieron a sus respectivos caballos, Thai me miraba fijamente, mientras Thyler subía a Alma. Agarró con una mano las riendas y con la otra me rodeo a mí con la mano derecha.
-Tenemos prisa. ¿Entendido?- dije mirando a Nagiel y a Finn.
-Entendido.- dijo Finn con vos firme.
De repente Alma comenzó a correr. Veía los tenderetes y a la gente despedirse de Nagiel y Finn, deseándoles suerte. Las puertas de la gran ciudad se abrieron, yo eché el último vistazo a la hermosa torre blanca. Toda la pradera, hasta llegar al bosque, estaba manchada de sangre. Las patas de Alma se empezaron a poner rojas, como las de los demás caballos. En pocos minutos, ya no había rastro de la maravillosa ciudad, estábamos adentrándonos en aquel bosque que contenía pequeños claros que dejaban pasar la luz del sol. Todos íbamos corriendo, mientras salíamos. Había oído como unas mujeres comentaban que había habido un ataque esa misma mañana. El cuerpo de Thyler estaba ardiendo. Noté algo raro en el ambiente y Thyler lo notó también. Llevábamos muy poco camino recorrido. 
-¿Lo notas?- me preguntó ordenando a Alma que corriera más.
-Sí, no estamos solos. ¿Te importa?- le pregunté a Thyler. Le sequé el arco  y las flechas. Preparé una flecha en el arco. Le besé.- Por si nos pasará algo, te quiero.
-Y yo a ti.- dijo Thyler. Algo en mi interior notaba una presencia muy oscura en ese bosque, se movían rápido. Compartí miradas con Nagiel y Finn, que desenvainaron unas hermosas dagas. Thai, sacó su arco.
Ninguno dispararía hasta que yo lo hiciera y yo era la que sabía dónde estaba cada uno de ellos. Sujeté el arco con fuerza y empecé a disparar entre los matorrales, humo negro empezó a salir desde los adentros de estos. De repente, unas flechas negras nos empezaron a llegar y a disparar. Nagiel y Finn, se adentraron por los matorrales y empezaron a rematar. En pocos minutos, ya no notaba nada más allí. Alma dejo de correr, se fue parando. Las manos de Thyler empezaron a resbalarse de mi estómago y de las riendas Cayó al suelo. Nagiel y Finn que iban por delante con Thai, vinieron corriendo hacia mí. Salté del caballo y me incorporé al lado de Thyler, quien se estaba empezando a quedar pálido y frío.
-¡Thyler! ¡Thyler! ¿Qué te pasa…?- grité agobiada. Noté algo húmedo en la mano que le sostenía por detrás. Las saqué. Mi mano estaba cubierta de sangre. Le apoyé en el suelo con cuidado. Tenía una gran flecha negra clavada en la espalda. Nagiel, estaba a mi lado.
-¿Qué ha pasado?- preguntó confusa.
-Le han disparado.  Hay que taponarle la herida y llevarle corriendo al castillo de Brígida.- dijo Finn. Desclavándole la flecha de la espalda, Thyler emitió un quejido. Le había atravesado la cazadora de cuero. Finn la rasgó e hizo lo mismo con la camiseta. Su espalda ahora lucía roja.- Me dejas la flecha.- la examinó durante unos minutos.- Lo que me temía, es de plata.
-¿Y qué tiene que ver?- pregunté nerviosa, intentándole hacerle un torniquete con su camisa. Pero no era suficiente.- Sujeta.- dije entregándole la chaqueta de cuero a Nagiel.
Me quité la camisa, dejando mi pecho al aire. Amarré un extremo de la manga con el otro y, con mucha fuerza, le rodeé el pecho, ajustándoselo a la espalda. Se la apreté. Nagiel me pasó la chaqueta y me la pusé. Tape a Thyler con su chaqueta de cuero manchada de sangre.
-Thyler es…alérgico, por decirse de algún modo, a la plata.- me informó Finn.
-Bien, ayudadme a subirle a Alma.- dije levantándome. Thyler, tenía los ojos cerrados. Estaba consciente, por ahora.
Le subí; con ayuda de Finn y Nagiel, a Alma. Luego subí yo. Le sostenía entre mis brazos. Estaba frío. Alma corría rauda, yo solo tenía puesta la mirada en Thyler. Pequeñas lágrimas corrían fugaces por mi rostro. La brisa fresca de aquel bosque, entraba como una puerta abierta a mí pecho, no importaba. Lo importante era salvar a Thyler. De repente, una de sus manos, me agarro la muñeca. Se empezaba a ver el castillo. Thyler abrió los ojos.
-Kiara…-  susurró. Sacó fuerzas y prosiguió.-…yo, por si no sobreviviera, quiero que sepas que te quiero muchísimo. Y si algún día conoces cara a cara a Deathmort, quiero que le claves una daga en el corazón por mí.- dijo sacando fuerzas, su mano resbalo y sus ojos comenzaron a cerrarse. 
-¡Thyler! ¡Thyler! -grité llamándole. Estábamos ya en el campo de entrenamiento.-…aguanta, por favor, estamos llegando. Dijiste que me llevabas esperando mucho tiempo, pues ahora, aguanta un poco más, solo unos minutos…por favor…yo también te quiero…- dije muy dolida mientras las frías lágrimas brotaban de mis ojos.
Las puertas de aquel castillo se abrieron de par en par. Brígida apareció. Baje del caballo y cogí a Thyler, por debajo de los hombros y arrastrándolo como pude y, con la ayuda de Finn, le lleve hasta ella. Brígida vino corriendo a ayudarme. Finn y Naigiel, junto con Thai, me ayudaron a pasorle sobre el suelo.
-¿Qué ha pasado?- preguntó la anciana. Llevaba un traje blanco.
-Nos han atacado.- le dije duramente.-Por favor, tienes que ayudarle.
-Te dije que uno de los dos acabaría herido, te dije que te apartarás de Thyler y no me hiciste caso.- dijo en tono frío y distante. Le llevábamos a dentro. La imagen del cuadro se había cumplido y, ahora, brillaba con mucha fuerza.
-No hay tiempo para sermones, sálvale.- le dije comenzando a irritarme.
Estábamos ya en su cuarto, le tumbamos en la cama y Brígida le quitó el improvisado torniquete. Thai se quedó fuera.
-Está muy débil. No creo que le pueda salvar.- anunció Brígida mirándome fijamente. Su rostro no expresaba ni una gota de dolor. Nada.- Traedme paños, agua y unos polvos dorados que hay en mi escritorio.- exigió.
- Voy yo.- dijo Finn. Salió de la habitación, corriendo. Cogí la mano inerte y fría de Thyler.
- Hola Nagiel. ¿Qué tal por White Tower?- le preguntó Brígidahasta que Finn regresó. Dejo todo lo necesario en una mesilla, al lado de Brígida.
-Será mejor que te vayas querida.- dijo Brígida mirándome fijamente.
-No, no puedo.- respondí dije sin desviar la mirada del frío rostro de Thyler.
-Llévatela Nagiel, no dejes que entré hasta que yo te diga.- dijo ordenándole a Nagiel, me cogió de la cintura y tiró de mí.
-¡No!- chillé- ¡Suéltame!
Parecía no tener fuerza, pero consiguió arrastrarme hasta la puerta. Me empujo y salí. Cerró la puerta tras de mí, con fuerza. Mi espalda resbalo por la pared, hasta encontrarse con el suelo. Hundí la cabeza entre las piernas. Volvía a llorar.
-No te preocupes, le salvará.- dijo sentándose enfrente mío.
-No, no he llegado a tiempo. Él me protegía a mí, ¿pero quién le protegía a él?- las lágrimas surcaban mis mejillas.
-Yo le conocía, viene a entrenar aquí. Hubo una vez, que vino con la ropa hecha girones y una gran brecha en la rodilla izquierda. Le dijeron que no se curaría, que no volvería a poder andar bien. Y Brígida le curó con esos mismos polvos.- dijo sonriendo.
- ¿Tú conociste a Thyler de pequeño?- le pregunté intrigada y sorbiendo por la nariz.
-Sí. Él vivió con nosotros hasta los dieciséis.- respondió Nagiel.
-Me hubiera encantado haberle conocido antes, de pequeño.-dije sonriendo- Todo sería distinto.
-No te preocupes, él no se rinde tan fácilmente, sobre todo si tiene algo por lo que luchar.-dijo Nigiel sonriendo.- ¿Estáis…juntos?
-Se podría decir que sí. ¿Y tú con Finn?- le pregunté, sonriéndole pícaramente, ella se puso roja.
-Solo somos compañeros de lucha.- dijo Nagiel con la voz entrecortada.
-He visto cómo te mira y te puedo asegurar que le gustas, mucho.- le dije sonriéndole.
-¿Pero él a mí no me…?- dijo escondiendo su rostro entre sus manos.
-Solo hace falta ver cómo te estás poniendo.- le dije sonriendo. De repente un gritó ahogado salió de la habitación.- Thyler…
-No, es normal. Eso es bueno, se está curando.- dijo calmándome.
-Tendría que estar allí dentro, con él.- susurré.
-Thyler no hubiera querido que le vieras así.-dijo mirándome fijamente.
-Tengo una pregunta para ti. Las dos mujeres y aquel hombre de mediana edad que os estaban despidiendo. ¿Eran vuestros padres?- le pregunté curiosa.
-Sí, ellos querían decirnos que nos querían. Que lucháramos por lo que creemos y que sobre todo, por nuestra especie.- dijo. Su cara se entristeció.-      Luchams por nuestra ciudad, por nuestras familias, por el resto de los nuestros, por lo que creemos, por quien creemos. ¿No me estarás preguntando esto para ponerme a prueba?- preguntó intrigada.
-No, es solo que no quiero que seáis solo mis aliados, quiero que seamos amigos. Todo camino, empieza encontrando a las personas con lo que lo vas a recorrer.- le dije mirándole a los ojos- En mi mundo yo no tuve esa oportunidad…
-Sé lo que quieres saber y adónde intentas llegar a parar.- dijo finalmente, andándose sin rodeos.- Yo no te voy a decir el poder de Thyler. Finn y yo ya hemos asumido que hay muchas posibilidades de que no volvamos a casa, a ver a los nuestros. ¿Moriremos en batalla?...Puede pero, al menos, me podré ir con la cabeza bien alta, porque habré luchado por lo que creo.- dijo seria.
-Palabras muy sabias, pero no dejaré que muráis.- le dije finalmente.
La puerta se abrió y Finn apareció. Sonriendo suavemente, interrumpió nuestra conversación.
-Ya puedes pasar.- dijo sonriendo.
Me levanté rauda y abrí la puerta del todo. Entré en la habitación. Brígida estaba sentada. Thyler, medio consciente, con un vendaje tapándole el pecho. Me acerqué a él y le cogí la mano. Estaba caliente y tenía sudor por la cara. Le besé en la frente.
-Lo siento.- le dije suavemente. Brígida escuchaba nuestra conversación.
-¿Por qué?- preguntó con un hilo de voz.
-Porque tú me protegías a mí y ¿quién te protegía a ti?...Nadie.- le dije mirándole fijamente. Las lágrimas pretendían brotar de nuevo. No quería que me viese llorar, no otra vez.
-No te preocupes. Mañana volveré a estar en pie. Volveremos a cabalgar juntos, sin que nadie me disparé.- dijo intentándose reír.
-Descansa, no fuerces.-dije agarrándole la mano con fuerza.
Y, sin soltar la mano del joven, me dirigí a Brígida.
-En cuanto a usted, cuando Thyler esté bien partiremos a New Sun Shine. La situación es delicada, estamos rodeados por Deathmort. Lo de esta mañana ha sido solamente el principio.- le dije mirándola fijamente.
-Hacer lo que os plazca, aquí tenéis un lugar dónde regresar.- dijo sonriendo. Se levantó y salió de la habitación.
Thyler me miraba fijamente. Sus ojos expresaban dolor, cansancio y amor. Me cogió la otra mano.
-Lo acabará aceptando.- dijo suavemente.
-Esperemos…-le dije sonriendo.
-Ahora que estamos solos, ¿te importaría dormir conmigo? Tengo miedo a dormir y luego a no despertar. – dijo sonriéndome. Di la vuelta a la cama, me quité todas las armas, las botas y la chaqueta de cuero. Me tumbé junto a él y pasé mi mano por su abdómen.
-Buenas noches, mañana te prometo que te despertarás.- le dije sonriendo. Le bese en los labios.
-Te quiero, Kiara Waldlow.-dijo Thyler sonriendo.
Cerramos los ojos y, poco a poco, el cansancio se fue convirtiendo en sueño y el sueño en realidad.


domingo, 1 de diciembre de 2013

Aullido en la oscuridad. Capítulo: 8

Arrojé la nota sobre mi cama desecha y abrí la caja. En su interior, se guardaba un traje de color blanco. Lo tomé entre mis manos y lo desdoblé. Era una cazadora de cuero blanco, con unos pantalones de este mismo tono y material. Es irónico que, justamente aquel chico que me enseñó a luchar, me dijera que ojalá no lo hiciera. Suponía que Thyler temía por mí. Por muy valiente que afirmase ser, a su lado siempre me sentiría mejor y mucho más segura. Y no solo a la hora de combatir.
Me quité el pijama, dejándolo sobre la desordenada cama, y me vestí con el extraño traje de lucha. El traje se adhería a cada centímetro de mi piel resultando incómodo al principio.  Me calce unos botines negros con cordones gruesos y salí al exterior.  Necesitaba varias armas, así que me acerqué a una gran caja de metal pesado y cogí dos cuchillos iguales a los que lancé para dar en el blanco de la diana el otro día en el bosque. Dos dagas con la empuñadura dorada y de hoja muy afilada. Los cuatro instrumentos, los guardé en unos compartimentos que había en el cinturón de mi traje. A lo lejos, había una gran plancha donde se guardaban los arcos y las flechas. No me dirigí allí, no era tan buena con el arco como lo era con los cuchillos.
-¿No te arriesgas con el arco?- me preguntó una voz cercana a mí. Brígida.
-No soy tan buena- afirmé y me giré para mirarla. Tenía unas pronunciadas ojeras y los ojos rojos, típico de no haber dormido en toda la noche. Vestía con un traje completamente negro, con puntilla blanca adornando los puños de las mangas.
-¿El joven Thyler ya ha marchado?
-Sí…- susurré entristecida- Se debió de ir esta mañana, temprano.
-Es mejor así- dijo seria.
-¿Perdone?- le pregunté desconcertada. ¿Lo decía a buenas o a malas?
-Solo es un impedimento para ti en este viaje a WhiteTower. Es más, si de verdad lo conocieras, no querrías permanecer a su lado.
-Se equivoca- aseguré- algo nos une, es una sensación inexplicable y, a la vez, inigualable. Estar a su lado me ayuda a seguir con esto, a creer en mí misma. Algo que nunca antes había hecho. Puede que usted tenga razón, tal vez solo conozca una parte de Thyler, pero nada conseguirá que me separe de él. Nada.
Me alisé el traje con ambas manos y fulminé a la anciana con la mirada.
-Ahora, si me disculpa, me voy. Tengo un largo camino por recorrer.
Decidida a darle la espalda, Brígida me agarró del brazo.
-No irás sola, voy a mandar a Thai para que emprenda el viaje contigo- anunció la anciana.
-¿¡Cómo!?- chillé alarmada- ¡Thai tiene once años! ¡Tú misma me dijiste que solo salen preparados de aquí al ser mayores de edad! ¡Puede morir!
-¡Yo decido en este castillo! ¡Yo soy la que manda aquí!- la vena del cuello comenzó a hincharse- ¡Thai!- le llamó.
El crujir de las ramas al pisarlas me sobresaltó. El joven niño apareció de entre los arbustos. Caminó hasta situarse junto a la anciana vestida de negro. 
-El joven Thai todavía no ha encontrado su poder debido, como tú has dicho, a su temprana edad.
- No…no estoy preparada para cuidar también de él, aparte de ocuparme de mí.- le dije desviando la mirada de Thai, me miraba de forma entristecida.
-No te preocupes, Thai se sabe proteger él solito.- dijo Brígida, aquel niño, llevaba un traje parecido al mío, aunque de talla mucho más reducida.
-De acuerdo.- dije mirando fijamente a Brígida.  
Me fui hacia las cuadras, Thai caminaba a mi lado. Dentro estaba Alma y un pequeño caballo grisáceo. Thai cogió una silla y se la colocó a ese caballo. Me acerqué a la de Alma. Encima de la silla, había una rosa, tan roja como la misma sangre. Era un rosa fresca, no hacía mucho que estaba allí. Tenía una etiqueta en donde ponía, te quiero y por detrás, firmaba Thyler. Me sonroje y la olí, tenía un fresco aroma. La deje en la barra de madera que separaba las cuadras. Ensille a Alma mientras que Thai, le cepillaba el pelo a su caballo.
-¿Cómo se llama?- le pregunté rompiendo aquel silencio que, para mí, no parecía incomodo pero, para Thai, sí.
-Tear, me lo regaló Brígida el año pasado.- dijo mirando a aquel caballo a los ojos.
-Será mejor que partamos.- le dije intentando huir de aquella situación, aún más incómoda que la anterior. Thai no respondió. Se subió a Tear de un salto. Yo le imité con Alma.
Salimos de los dominios de aquel castillo, dejando atrás a Brígida. La brisa fría, ondeaba mis morenos cabellos. De vez en cuando, miraba a Thai. Tenía la mirada fija en un punto, sin vocalizar ni una palabra. Supe porque estaba así, pero no quería decir nada. Hasta que el rompió aquel silencio, con el tema más inesperado.
-¿Cuál crees que es la ayuda que te va a prestar el jefe de los elfos?- preguntó sin dejar de mirar al frente.
-No lo sé, ni lo quiero pensar.- dije temerosa.
-¿Por qué no viene tú querido Thyler? – preguntó en voz baja.
-Porque tenía que…solucionar unos asuntos...- le dije tartamudeando. No sabía que podía haber ido a hacer, solo que corría el riesgo de morir. Aunque me había prometido que no, que volvería.
-Así que no lo sabes.- dijo Thai, averiguando así como hacerme daño.- Te ha dejado plantada.
-O no te lo quiero decir. Esta noche vendrá, no te preocupes.- dije sin dejar de mirar hacia el horizonte. Se veía una hermosa torre blanca al fondo.
-No…tú no lo sabes…no te lo ha dicho.- dijo Thai mirándome fijamente.
-¿Qué no sé el qué?- le pregunté comenzando a irritarme.
-El mayor secreto de tu queridísimo Thyler.- dijo sonriendo.
-¿Cuál es?- le pregunté. Igual esto me llevaba a alguna pista para conocerle mejor.
-Si Thyler no te lo ha dicho, es porque…por una vez no quiere hacer daño a nadie. Haz caso a Brígida, hazme caso a mí…si no quieres acabar mal, déjale ir. Por una vez…sólo por una vez escúchame, olvídale.- dijo mirándome. Mis ojos se cruzaron con los suyos, brillaban.
-No, no puedo dejarle, no voy hacer caso Brígida, ni te lo voy a hacer a ti.- le dije bruscamente.
-¿Por qué? ¿No te das cuenta de que acabaréis mal los dos? Sólo eres un capricho suyo, que al ser nueva en este lugar, se ha aprovechado de ti. Aunque no lo quieras admitir, está noche no vendrá y comprobarás lo que te quiere, no eres más que uno de sus muchos trofeos.- dijo con fiereza, las mejillas se le habían puesto rojas. Intentaba ocultar que estaba celoso.
-¡No sabes nada! ¡Solo tienes once años!- grité.- Cada vez que estoy con él algo en mi interior aparece y hace que me sienta segura, libre y lo más importante, feliz. He encontrado una parte de mí que no conocía, que me faltaba y que al estar con Thyler se completa. Y, aún así, a ti que más te da si me hacen daño o no, no me conoces de nada, Thai.- le dije bajando la voz, intentando calmarme.
-¿Y por eso es especial?- preguntó Thai con voz incrédula.
- Para mí sí, para ti no. Ni tú, ni Brígida lo entendéis. Y sí lo hacéis, no lo queréis admitir.- le dije ya calmada.
Poco a poco, nos estábamos acercándonos a un castillo de torres blancas y una gran muralla negra. Las altas hierbas de los alrededores estaban teñidas de un color rojo intenso, bañadas de sangre, parecía haber habido una batalla. El sol estaba en su punto más alto y hacía que las pequeñas hierbas manchadas de sangre, resaltarán. Los pocos minutos de camino ya no hablamos. El discursito de Thai sobre porque no Thyler no era bueno para mí, había sido suficiente. Esperaba sus disculpas.
Llegamos a la puerta principal del castillo, estaba cerrada. Llamamos con fuerza, desde fuera de aquellos murallones no se oía nada. Parecía una ciudad fantasma, deshabitada.
-Si no nos van a abrir, entraremos a la fuerza.- le dije a Thai buscando la forma de entrar.
-¿Cómo?- preguntó confuso.
Cogí uno de los cuchillos y lo lancé con fuerza. Este se quedó clavado. Tiré el otro, dando justo al lado del primero.
-Si vas a estar así todo el rato…- dijo Thai sentándose en el suelo.
-En Greencoast, nada es lo que parece ser…si no me equivoco, está puerta por muy robusta que parezca, tiene que tener un punto débil.- le dije desclavando los cuchillos y observando las marcas. No eran muy profundas. Pero de repente, las marcas comenzaron a desaparecer.
- ¡Han desaparecido!- exclamó Thai, se que se levantó pensativo.
-Espera,  ¿hay algún árbol en la que su madera se regenere? Eso es imposible, ¿no?- dije exhausta. Volví a pasar los dedos por dónde estaban las marcas.
-Que yo sepa no.- dijo Thai mirándome. Yo volví mi mirada a la hierba de la colina.
-Tengo otra idea.- dije y, acercándome a la hierba manchada de sangre roja, la arranque de raíz. Me volví a acercar a la puerta y pasé las finas hileras verdes por la puerta, dejando un rastro rojo. No sé cuántas veces lo hice, hasta que la puerta estaba completamente roja. Me aleje para comprobar el resultado, las marcas de los cuchillos no estaban en el centro de la puerta, si no en uno de los laterales.
-Mira, eso es, dale a uno de los laterales y así las marcas darán en el medio, y podrás crear los agujeros que tanto ansías.- dijo volviéndose a sentar
-Vamos a tirar a la vez.-le dije a Thai, este saco dos cuchillos parecidos a los míos. Se colocó al otro lado de la puerta, estábamos uno enfrente de uno de los laterales de está. – 1, 2, 3…
Tiramos a la vez los cuchillos. Ya debían de ser avanzadas horas de la tarde y aún no habíamos obtenido ningún resultado visible, hasta ese momento. Un gran agujero apareció en el centro de la puerta manchada de sangre. Me acerqué, desclavando los cuchillos. Le pegué una patada a la puerta y finalmente se rompió, dejándonos pasar.
Había una gran calle, parecía un mercado medieval. El color que más predominaba era el blanco. No había nadie. Al fondo de este, había un bonito castillo, con una hermosa torre de mármol blanco en el centro. A eso venía el nombre de la ciudad, a su hermosa torre. Continuamos andando por aquella gran avenida, de las que desviaban otras más pequeñas callejuelas. No había rastro de nadie. Todo estaba sumido a un silencio aterrador.
-¿Has visto eso? -dijo Thai echándose a correr. Corrí detrás de él.
-¿El qué?- le pregunté mientras corría detrás de él entre los callejones estrechos.
-He visto a alguien.- dijo Thai. De repente paró en seco, en medio de una replaceta. Le conseguí alcanzar.
-¿Thai que pasa…?- dije rozándole el hombro, pero mis palabras se fueron cortando poco a poco.
Más de mil hombres en aquella plaza ocupaban las callejas, iban todos armados. Saqué una daga que llevaba cruzada a la espalda y coloqué a Thai detrás de mí. Se había quedado paralizado. En medio, había un hombre mayor, con los ojos azules, vestía una especie de traje gris y tenía las orejas acabadas en punta, como todos los demás.
- ¿Quiénes sois? ¿Cómo osáis venir aquí después de una batalla?- dijo aquel hombre clavando su mirada en mí.
-Y, ¿quién es usted?- pregunté centrando mi mirada fría en sus penetrantes ojos azules celeste.  
-Yo hago las preguntas, dame una razón para que no te mate por tu osadía.-dijo aquel hombre, señalándome.
-No le han enseñado, que es de mala educación señalar. A ver una razón, para que no nos matéis…así, mi destino.- dije vacilante, aquel hombre vibraba de odio y las palabras que a mí me brotaban solas de la boca.  
-¿Tú destino?- se echó a reír.- ¿Y cuál es tu destino joven humana?
-No creo que sea motivo de risas, más creo que me debéis respeto y me habéis hecho llamar para cierta alianza.- dije mirándole enfadada, sus risas se cortaron de cuajo.
Su expresión cambio por completo. El asombro se adueñó de él.
-¡Bajad las armas! No, no serás…Kiara…- dijo examinándome.
-Así se me conoce.- dije mirándole fijamente. Se acercó a mí e inclinó la cabeza como símbolo de respeto.
-Disculpad este recibimiento. Soy Loren, el jefe de los elfos. Acompañadnos a palacio y os explicaré lo sucedido.- dijo sonriente.
-Claro.- dije guardando la daga en su lugar.
Thai iba a mi lado, pero ahora mi cabeza solo la podía ocupar una persona. Thyler. Él me dijo que estaría aquí, que vendría. Está empezando a hacerse tarde y no ha aparecido. Nos llevaron por la gran avenida, la gente se iba yendo a sus casas, hasta que solo quedamos en aquella gran avenida Thai, Loren y yo.
Llegamos al hermoso castillo blanco, que lucía su torre con orgullo. Abrió la puerta del hermoso castillo, seguíamos a Loren. Tras enseñarnos el inmenso hall, las grandes paredes con ventanas góticas y cuadros de antiguos líderes de aquella ciudad. Nos llevó a una sala, una especie de despacho, con una estantería llena de libros. Loren se sirvió una taza de té, nos ofreció una y se sentó en uno de los sillones que daban a una hermosa chimenea. Me senté en el otro sillón. Thai no paraba de mirar los libros que había en las estanterías. Se sentó en la alfombra de piel con un libro de la estantería. Loren le miraba, poco interesado. Bebió un tragó de té y poso mi mirada en mí.
-¿Por qué me ha hecho llamar?- le pregunté rompiendo con aquella incómoda situación.
-Porque quiero participar en tu lucha.- dijo mirando hacía el fuego.
-Pero es que es solo mi lucha, no la suya, ni la de nadie más.- le dije sin quitarle los ojos de encima.
-Los campos de afuera están llenos de sangre porque cada vez Deathmort ansía más esta torre y ante nuestra insistencia en no abandonar este lugar nuestro, ataca.- suspiró.- Las murallas eran blancas, pero conforme Deathmort las ha ido atacando, su luz ha ido desapareciendo, quedando así indefensos.- dijo entre suspiros, bebió un trago de té.
-¿Y por eso me quiere ayudar? ¿Para salvar a los suyos y a este lugar?- pregunté creyendo entender lo que quería decir.
-      Sí, pero nosotros los elfos, no somos lo más importante de este lugar. Lo más importante es la torre.- dijo levantándose. Dejó la taza de té en la mesilla y cogió un mapa. Se volvió a sentar.- Esto es Greencoast, desde el principio, hasta el final. Deathmort pose City of Flowers, Bluelake, Blackshadow y, por supuesto, City of Dropped Sun. - dijo señalando cada parte del mapa. - Ha conquistado casi todas las ciudades importantes, con el fin de rodear New Sun Shine. Nosotros somos la última ciudad importante en caer, sí consiguiera conquistarnos, se daría un batalla que mataría a sombras y a la luz. No quedaría nada.- dijo entre con un tono entrecortado y entristecido.
-Entonces, estáis bajo la protección de New Sun Shine.- dije segura de mis palabras, el rostro de Loren se retorció y echo una carcajada.
-Ya nos gustaría, por eso necesitamos tú ayuda.-dijo Loren girándose.
-Entiendo. ¿Y yo que gano?- pregunté, un poco exhausta, me acerqué a una de las ventanas, para ver si veía algún rastro de Thyler.
-Te daré a mis dos mejores guerreros, que te jurarán fidelidad y lucharán a tu lado.- dijo acercándose a mí.
-De acuerdo, yo conseguiré que estéis bajo protección de New Sun Shine y mía, y a cambio, tú me das a tus dos mejores guerreros. Sí me mintieses, te mataría en medio de la plaza.- le dije sonriendo.
Loren tragó saliva antes de responder. La jovencita tenía agallas.
-Me parece justo.- dijo Loren devolviéndome una forzada sonrisa.
-¿Cuándo esos dos maravillosos guerreros me jurarán fidelidad?- le pregunté sin dejar de mirar por la ventana. Poco a poco se estaba haciendo tarde y Thyler no aparecía, no daba señales de ningún tipo.
-Sabía que aceptarías mi alianza, por eso he planificado un baile en el que te los presentaré y te jurarán fidelidad ante toda la ciudad.- dijo Loren. Se hizo una pausa de unos minutos.- Por cierto, tienes un vestido arriba para esta noche, no puedo dejar que la invitada de honor vaya con un traje de lucha.
-Sí, claro.- dije. Pronto, el cielo se tiñó de negro, pero sin estrellas ni luna que lo iluminarán por ahora. Thai seguía leyendo.
-Querida, ¿te pasa algo?- pregunto Loren acercándose.- Te noto ausente. Parece que… ¿estás esperando a alguien?- preguntó asomándose también por la ventana.
-Supongo…que ya no.- dije desviando la vista de la ventana. Thai levantó la cabeza para mirarme.
- Ven te acompañaré a tu cuarto para que descanses. A las nueve baja las escaleras y dirígite a la puerta del jardín, ahí se celebrará la fiesta.- dijo cogiéndome de la mano.
-Yo me quedo aquí.- anunció Thai.
Salí de la habitación con Loren. Subimos dos tramos de escaleras y me llevó a una puerta. Las escaleras eran de mármol blanco y las puertas marrones muy oscuras, de color caoba.
-Descansa, tienes una hora.- dijo sonriendo.
Loren se fue y entré en la habitación. Tenía dos preciosas ventanas góticas que daban al jardín, que a su vez este conectaba con el bosque, cuya entrada la diseñaba un precioso laberinto de arbustos y rosales. La habitación era cruda, con un hermoso cuadro de un bosque en invierno. La adornaba un recargado cabecero de madera oscura y una gran cama con un edredón azulado, del mismo tono que las paredes. Había dos puertas más, supude que un baño y un vestidor.
Me tumbé en la cama y me quedé mirando el techo de la habitación, sumida en mis pensamientos. Ahora sí que podía oírlos bien. Thyler me había fallado, me había hecho daño, me dice que me quiere y luego no aparece. “Si al final Thai iba a tener razón, solo soy un trofeo para él. Pero lo que siento por él, él también lo nota. Casi no le conozco y ya me gusta” pensé. Por un momento me ruboricé. “Esta noche, tengo que dar la imagen adecuada y sonreír, aunque me vaya a costar” pensé esta vez en voz alta.  Miré el reloj, las ocho y media. Había estado media hora pensando en Thyler y en mí, sin preocuparme de lo que ahora se me venía encima.
Me levanté rápidamente y abrí una de las dos puertas al azar, era un majestuoso baño con una enorme bañera. Abrí la otra puerta. Un vestidor con más de quince vestidos, de todos los tamaños y colores, zapatos, joyas... Solo uno de los vestidos me llamó la atención. Un precioso vestido de seda rojo, de espalda descubierta y abrochado al cuello. Lo saqué y lo deje encima de la cama, entré en el baño corriendo y me desvestí. Tomé un baño y salí envuelta en una gran toalla negra. Me sequé el pelo. Con horquillas que había encima del tocador, me hice un moño. Me maquille un poco y salí. Me vestí con mi hermoso vestido rojo. Parecía más mayor.
Me acerqué al armario y me puse dos zapatos de tacón negros. Cogí un sencillo collar de perlas negras, que me colgaba hasta por la desnuda espalda y los pendientes a juego. Me di cuenta de que había también una especie de pasador como el collar, me lo coloqué en el moño.
Deje todo un poco ordenado y salí de mi cuarto. Bajé las escaleras a toda prisa, hasta  llegar al hall. Allí estaba un hombre esperándome, era Loren, que al oír mis tacones se giró.
-Vaya, estás preciosa.- dijo admirándome de arriba abajo. El llevaba una especie de traje gris.
-Gracias.- le respondí sonriendo, intentando ocultar mi infelicidad.
- ¿Qué tal estás?- me preguntó, llegue en frente de él.
-Bueno… pero olvidémoslo, por muy difícil que sea, es un día de alegría.- le dije sonriendo.
-Lo que desees.- dijo sonriendo.
Se metió por una puerta y accedimos al inmenso jardín repleto de gente, la cual, se quedó callada al verme entrar. Solo podía escucharse el ritmo de la música.
-Tú te sientas a mi lado.- susurro Loren. Afirmé con la cabeza.
La hermosa y enigmática música paró, toda la ciudad estaba allí. Un pasillo se abrió a través de la gente. Yo miraba hacia el frente, de manera dura, firme. Al fondo del jardín había dos sillas, una más grande que otra, suponía que la mía era la pequeña, pero no fue así. Me senté, dejando mi pierna al aire. Se oían cuchicheos.
- La alianza ha sido aceptada.- anunció Loren. Después, vinieron los aplausos.- Y como ya sabéis, nosotros también tenemos que cumplir. Naggiel de Lie y Finn de Aslow. Estos son nuestros mejores guerreros. – dijo Loren.
Dos chicos salieron de entre la multitud. Una chica pelirroja, de tez blanca y ojos verdes y un chico de piel clara, ojos azules fríos como el hielo y pelo oscuro. Se arrodillaron ante mí. Me levanté y me acerqué hasta ellos.
-Levantad.- les dije suavemente.- Encantada de conoceros, soy Kiara Waldlow. -dije de forma amigable.
-Encantada, yo soy Naggiel de Lie.- dijo con una voz suave y tímida.
-Encantado, soy Finn de Aslow.- dijo el chico con una voz grave.
-Bueno es hora de que juréis.- dijo Loren indicándoles con un leve gesto.
-Si señor.- dijeron a la vez. Les pase mi daga, pusieron las manos sobre ella y empezaron a recitar.- Nosotros, elegidos para proteger nuestra ciudad, luchando, le juramos pleitesía a Kiara Waldlow. Lucharemos por y para ella, acataremos sus normas y ella a cambio protegerá a los nuestros. También juramos que por nuestros padres, no dejaremos que ningún elfo inocente muera en manos de Deathmort sin antes haber luchado.- retiré la daga, dándosela a uno de los mayordomos.
-Bien, ya está. Pero lo dejaremos solo en amistad. Podréis venir aquí cuando queráis y vivir aquí. Será un honor luchar con vosotros.- dije amigablemente.
- El honor es todo nuestro.- dijo Finn.
-A partir de ahora, me podéis llamar Kiara, no hace falta que inclinéis la cabeza, me gusta que me miren a los ojos y basta ya de ese rollo falso de “ el honor es nuestro”, dejar de ser tan pelotas así no me demostráis que sois guerreros.- dije intentando picarlos. Me giré para volver a ir a mi silla.
-Que no....- susurrí Finn cogiendo un cuchillo y lanzándomelo directamente a la espalda.
-¡No, Finn!- gritó Naggiel.
Me giré y lo cogí al vuelo. Podía escucharse el filo del cuchillo al arañar en aire.
- Eso era lo que quería ver, que no erais unos blandos. Me gusta que me traten como soy, no por lo que soy. Primera lección.
-Lo siento Kiara, yo…lo siento. Tengo que aprender a controlarme.- dijo Finn.
-Bueno, de los errores se aprende.- dijo Loren sonriendo- ¡Y ahora a disfrutar!- anunció. Yo me volví a sentar.
Ya eran las diez y media y las estrellas ya habían salido, solo podía pensar en Thyler, no estaba allí conmigo. Veía a la gente bailar y disfrutar. Todos reían, gozaban de la fiesta. Todos menos yo, me faltaba él para disfrutar de cada minuto de cualquier día.
-¿Quieres bailar conmigo?- me preguntó Loren.
-Porque no…- me levanté, le cogí del brazo y salimos a la improvisada pista de baile.
Empezamos a bailar. Mis pies se cansaron enseguida pero, hasta que no llevábamos ni un minuto al compás de la música, Loren no paró de bailar.
-Tengo un regalo para ti, pero lo tienes que adivinar.- dijo Loren sonriendo.
-¿El qué?- pregunté confusa pero, sobre todo, exhausta. Segundos después, noté como unas manos tapaban mis ojos. Estaban calientes, ardiendo. No podía ser… Noté como afloraban de mis ojos lágrimas.
-Eh, pero no te pongas a llorar.- dijo una voz conocida.
-¡Thyler!- grité de alegría mientras que las lágrimas surcaban mi rostro. Poco a poco las manos se fueron quitando de mis ojos. Me giré y vi a Thyler, vestido con un traje negro. Me abalancé sobre él y le abrecé, estrechando su cuerpo contra el mío.
-Será mejor que os deje solos.- dijo Loren dándonos la espalda. Tenía ganas de pegarle una bofetada a Thyler, pero en vez de eso me tiré a sus brazos de nuevo y le besé.
- ¿Por qué no has venido antes? Creía que te habían matado.- dije mirándole fijamente. Mis ojos aún seguían llorosos.
-Lo he intentado, pero no he podido, he tenido un problemilla técnico.- dijo sonriendo y me volvió a besar.
-¿Y cómo has llegado aquí? ¿Dónde has estado? ¿Qué problema?- yo no paraba de preguntar, así que me agarró por la cintura y comenzamos a bailar.
-Porque un jovencito ha mandado a unos cuantos elfos a buscarme.- dijo Thyler en voz baja.
-Thai…
-Sí. He estado en el Bosque de las sombras, ayudando a un amigo, y cuando volvía hacia aquí, le han disparado una flecha a Vivaz, ya le están curando.- dijo mirándome fijamente.
-Te quiero.- le solté así como así.
-Y yo a ti aún más.- dijo Thyler, le volví a besar. Sus brazos me abrazaban cada vez con más fuerza.
Bailamos y bailamos, hablando de lo sucedido. Le notaba igual, era el mismo joven apuesto de siempre, pero más cariñoso conmigo en esta noche. Me cogió de la mano y me llevó al laberinto de setos. Caminamos en silencio durante un corto tiempo hasta que se situó delante de mí y me miró fijamente a los ojos.
-He de irme.- dijo abrazándome contra él.
-No, no por favor no te vayas.- le dije, sus ojos empezaban a brillar fijamente, como anillos dorados. Como aquella noche que oí aquel aullido tan conocido.
-Te prometo que mañana estaré en tu cama antes de que te despiertes.- dijo acariciándome el pelo.
-¿Pero por qué has de irte? ¿A qué tanta prisa?- le pregunté. La luna llena empezó a acercarse a lo más alto del firmamento.
-Ya te lo explicaré, de verdad.- dijo y me besó.- Por favor confía en mí, pero ahora has de volver a la fiesta y yo he de irme.
-Está bien, te quiero.- le dije sintiendo de nuevo ese vacío en mi interior.
-Y yo a ti.- respondió y, corriendo, empezó a adentrarse en el bosque.
Me quedé inmóvil hasta que la oscuridad me impidió ver el cuerpo de Thyler entre los altos árboles del bosque. De nuevo, volví a la fiesta. Loren me esperaba en la puerta del salón.
-¿Qué tal?- me preguntó.
-Pues…- y un aullido me cortó, muy conocido para mí. Aquel lobo, el de la otra noche. Estaba segura.
Me quité los zapatos, el collar y desgarré el vestido, de forma que me ayudase a conseguir moverme con agilidad, delante de todo el mundo. Empecé a correr.
- Ahora vuelvo…
-¡No! ¡Vuelve!- gritó Loren.- Seguirla y traerla.
Me adentré en el bosque y empecé a correr. Notaba como las piedras se clavaban en mis pies, pero me daba igual. De repente, vi una sombra de un lobo con el pelaje cobrizo y ojos dorados, se giró y se sorprendió.
-Espera por favor.- le dije, éste paro por un momento en seco. Conseguí acercarme a él. - Mi destino es también el tuyo. ¿Quién eres?- le pregunté acariciando su cabeza.

De repente una lanza me rozo el brazo, haciéndome una gran brecha. Aquel hermoso lobo se fue corriendo. Sumergiéndose así en la oscura noche y en las profundidades del bosque.